De hoy en adelante, pasarán a ser, única y exclusivamente, para tener una idea de la duración de algo o en el momento en que se tiene que hacer, para nada más.
Todo partió a raíz de una conversación que tuve con uno de mis mejores amigos, el que en un momento me dijo: “(…) no quiero más 14 de febrero ni 2 de abril”, y yo, el muy huea, le pregunté por qué el ‘2 de abril’; es mi cumpleaños, respondió. Me sentí pésimo. Él es una de las pocas personas a las que les tengo tanta confianza y con quien puedo hablar de lo que sea, porque sé que es fiel. Sin embargo, como soy malo para recordar fechas –es verdad, soy malísimo- me mandé ese pastelazo. Sé que sintió como si no me preocupara de él y de sus cosas importantes, pero no es eso, creo que con todo lo que hemos pasado juntos –que no es poco- le he demostrado que lo quiero, y harto.
Bueno, a raíz de esto decidí obviar el significado de todas las fechas y tenerlas solamente como referencias. Por lo general, el mismo día del cumpleaños de una persona me entero que lo está, de una u otra manera, y alcanzo a saludarlo –sé que para muchos tiene un valor especial; para mí, es sólo un motivo de celebración y reunión, no representa fielmente el paso del tiempo-.
Pd: Hay cumpleaños de los que me acuerdo –no sé por qué algunos sí y otros no, porque no tiene relación con la importancia de la persona- y hasta saludo apenas marcan las 00.00 en el reloj. Así es, las paradojas de la vida.
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