jueves, 25 de noviembre de 2010

Si mi cabeza explota y vuelan los sesos por todos lados, no traten de juntarlos y pegarlos; no les van a servir ni de adorno

domingo, 31 de octubre de 2010

Rencillas pasadas

Hoy, a raíz de algo tan simple como lo es un partido de fútbol, me di cuenta que las cosas pueden quedar en el pasado más rápido de lo que uno cree –o quizás, simplemente, él es weón-.

Nuestro equipo jugaba de rojo y yo, bien pavamente, llevé camiseta amarilla. En eso estaba cuando llega un sujeto con las iniciales SISM y me dijo: “Tengo otra camiseta roja, ¿La quieres?”. A simple vista nada tiene de malo, pero lo que pasa es que su polola –con la que aún sigue- le fue infiel conmigo 2 veces y él supo.

Me causó extrañeza por decirlo menos.

lunes, 25 de octubre de 2010

Se le agradecería, Sr. Piñera

sábado, 2 de octubre de 2010

Perpetuación

Fecha: Marzo 2003
Edad: 12 años

Un viaje a Argentina ameritó que tuviera que hacer una cola enorme en una oficina llena con camaritas, cosas para huellas dactilares, viejas detrás de un mesón, etc. La idea era buena, se supone que al tener uno se está identificado de por vida, pero, por suerte, no es así; para beneficio de muchos, se puede cambiar.
En ese tiempo, mi vida giraba en torno a tazos, Los Caballeros del Zodiaco y, sobre todo, alrededor de los Super Campeones (Capitán Tsubasa), dato no menor, ya que yo me creía Oliver Atom, quien, como característica principal, aparte de su tiro con chanfle y de correr casi un capítulo entero para llegar de un lado al otro de la cancha, tenía su pelo parado, como bueno chino, japonés, coreano -no sé, para mí, son todos exactamente iguales-. A raíz de esta "admiración" por los personajes de esta seria, en especial del antes mencionado, no encontré nada mejor que pararme el pelo para ir a plasmar mi "parecido" con aquel futbolista en una foto que tendría una vital importancia de ahí en adelante; mi Cédula de Identidad.
En el futuro próximo a ese hecho no hubo grandes inconvenientes, ya que los verdaderos se produjeron ya en 4º medio, al momento de ir a dar la PSU y tener que dejarlo en una mesa, junto a muchos otros, expuestos a la vista de cualquiera que fuese a buscar el suyo.
Posteriormente, entré a la universidad, donde apareció algo que le vendría a hacer la malévola compañía al carnet; la Credencial de la Universidad. ¿Cuál de los dos más feos? Sin dudar, el carnet de Oliver.
7 años después, quienes han visto la cédula, han denominado sutilmente a ese sujeto como "Cizarro", "niño pobre", "cunetero", "drogadicto", entre otros... deben decirlo por su aspecto, ¿Quién sabe?
Por fin, es momento de dar paso a una nueva era, la del nuevo carnet de este humilde servidor de la vida. No más vergüenzas al exhibirlo en una discoteque, al mostrarlo para comprar cigarros -que a todo esto, siempre me dicen: "Es Ud. de verdad?"- y cosas por el estilo. Además, la firma hecha para el 2003 fue una similitud con la de mi papá; actualmente está también se ha ido modificando -por suerte- y tomará un tenor más artístico, no tan lineal como la anterior.
Ya sabía que este momento iba a llegar, pero se veía tan lejano; sin embargo, aquí está, por fin.
El 10 de Octubre se vendrá la venganza contra los descriteriados que no me advirtieron ese 5 de Marzo que, en caso de hacer todo como lo estaba llevando a cabo, cuando grande sería muy jocoso.
Para nadie es fácil salir bien en un carnet pero hay fotos y fotos; esta es una de aquellas que caben en una categoría especial, no sé si más alta o más baja, sólo sé que está en una selección aislada, con muchos otros que han hecho de su cédula de identidad objeto de burlas.

pd: No me afecta que se rían de mi foto, sólo que necesito urgente cambiarlo porque es realmente poco serio.

sábado, 25 de septiembre de 2010

sábado, 11 de septiembre de 2010

Una caja de recuerdos

Viernes 10 de septiembre, un mes exacto antes de mi cumpleaños, más allá de eso, nada importante.

Como nunca, confirmé pasaje para viajar a mi querida casa con anticipación, cosa que, en sí, no debería revestir el carácter de peculiar. Sin embargo, las cosas no siempre son tan simples como se ven; es más, casi nunca lo son.

Llego al terminal con mi mochila cargada de innecesariedades, códigos, lápices y destacadotes por millones, a lo nena, camino rumbo al andén cuando de pronto, a lo lejos, diviso a alguien pero, en principio, no creí que fuese ella, aunque sí, lo era. No me vió, estaba lejos, nada salía de lo normal –si es que a algo se le puede llamar “normal”- pero suelen ocurrir ciertas cosas que te hacen pensar en momentos ya olvidados, o dejados a la fuerza en el abandono.

Aparece en el anden 12 un bus que dice: “Rancagua, 20.40”; es el mío. Caminando a dejar el bolso en eso que te lo guardar –el que también estaba bastante cargado con ropa, sobre todo, sucia- me topo frente a frente con esa mujer, a la cual había distinguido tan pronto llegué al terminal. Nos miramos –sus ojos verdes y su pelo rubio siempre fueron uno de sus rasgos característicos, aparte de ser, como persona, espectacular- sonrió como siempre lo hacía cuando nos juntábamos en los recreos, escondidos para que no nos viera el director del colegio, y me dio un beso en la mejilla, de esos que duelen harto. Ah, a todo esto, reconozco que ella fue una de las pocas personas que me han gustado tanto, y de verdad. Otro dato importante es que, en esta ocasión, viajaba con mi mamá, de modo que compramos juntos los asientos; mas como si algo lo hubiese querido –le doy un poco de color-, miro hacia el asiento de mi derecha –porque quedé en el pasillo- y a quién veo; a ella –a esta altura las coincidencias me superaban- así que, como era de suponer, converso con ella –todo estaba oscuro y silencioso en el bus, de manera que tuvimos que hacerlo a través de mi celular, escribiéndonos mensajes y pasándonoslo para leer/responder-.

Después de un rato ya bastante largo, dejamos de conversar porque empecé a percibir que algo raro pasaba en nuestra conversación, no supe qué fue en realidad. Finalmente, ella me escribe: “para el recuerdo, un barquito…”, hecho con el boleto del bus, y en ese momento recordé que tengo también otro barco que ella me hizo en un carrete de antaño que decía “tqm”, el cual está en una caja con una nota que me escribió tránsfugamente cuando salí de 4º porque su pololo le tenía prohibido acercarse a mí –razones de sobra tenía el hombre ese- y el dibujo de un planeta en el cual “vivíamos”, llamado simplemente “X”, el cual estaba acompañado de una simbología que ambos entendemos.

No sé qué pasó por mi cabeza en ese momento y tampoco sé qué está pasando en ese instante, sin embargo, de algo estoy seguro: encontrarme con ella ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado en harto tiempo.

No sé cuándo más nos volveremos a ver, quizás nunca más, pero prefiero ser iluso e imaginarme que nuevamente nos encontraremos –día que esperaré como un cabro chico-.

Al llegar a mi casa, dejé el barco en la misma caja donde estaba el otro, la nota y el dibujo, pero, al ponerlo ahí, me llevé una sorpresa: en el barco/pasaje está su nombre completo, por el simple hecho de haberlo comprado con descuento estudiante.

Ya, a esta hora (23.45), sigo buscando razón a todas esas coincidencias bastante poco domésticas, pero sigo sin hallarla.

Algo concluyo de esto: si pienso mucho en ella últimamente, no preguntaré el porqué de ello, las razones están claras.

Dedicada a ti, que quizás nunca lo leerás, FIOD.

viernes, 20 de agosto de 2010

Empiezo sin entender. Termino de igual manera

La vida es larga, tiene un sinfín de situaciones y emociones, entre las cuales están las relaciones con los demás y, aun más importante, con personas del sexo opuesto.
Desde que venimos al mundo, incluso antes, estamos inmersos en escenarios en los cuales interactuamos, si es que se puede llamar interacción a las relaciones siendo tan pequeños sin conciencia, con mujeres, en el caso de los hombres, y con hombres, en el caso de las mujeres.
Posteriormente, empezamos a desarrollar algunas formas de comunicación con nuestros padres, familiares y, además, empezamos a desarrollar nuestros primeros lazos de familiaridad y amistad, fomentados y casi forzados por nuestros papás, ya sea invitando a mucha gente a tus cumpleaños, o haciendo visitas a sujetos, hasta el momento, desconocidos (los cuales, años más tarde, serán los mismos que te dirán: “Si está tan grande y tan lindo/a, igual a su papá/mamá)
Luego, vamos al colegio, donde empieza un ciclo vertiginoso que termina, por lo general, unos 18 años después. Durante este largo proceso, vamos conociendo a muchas personas con los cuales nos vemos relacionándonos y separando en grupos con los que tienen intereses similares (excepto aquellos que están donde caliente el sol y se creen amigos de todos).
En resumidas cuentas, así sigue nuestro proceso de convivencia y coexistencia social. Sin embargo, llega un momento casi inesperado, en el cual ya no sólo se está frente a relaciones de amistad, sino que un sentimiento nuevo empieza a cobijarse en lo más profundo de tu ser, pero que se refleja hasta en lo más externo de tu cuerpo, de modo que, sin quererlo, todos perciben esto de alguna u otra manera. No entiendo bien cómo se llama esa sensación, porque decir amor es un tanto poético y más lírico que real, pero es un sentimiento de cariño tal que hasta los defectos, o hasta los más mínimos detalles de la otra persona, son aceptados y hasta valorados.
Reconozco que a este tema soy bastante esquivo e intento, de cierta manera, evitarlo o disminuirlo, sin embargo, según los entendidos, hay momentos en los cuales se hace imposible escapar de este sentimiento y no queda más que aceptarlo y dejarse llevar.
Actualmente no estoy enamorado y creo que mi interés en alguien ha dejado de estar activo hace muuuucho tiempo, pero de todas maneras, la vida, más que enseñarme qué es, me ha enseñado qué es sentir cuando las cosas no son como debieran ser.
Mis más sinceros y buenos deseos para todos aquellos que están con quien aman, palabra que aún sigo sin comprender pero que todos usan, ahora más que antes, y en especial a quienes viven felices junto a la persona que quieren estar.